lunes, 1 de mayo de 2006

Que haya cambio en la Asamblea Legislativa

Por el Imperio del Derecho / Centro de Estudios Jurídicos


El 1.º de mayo toman posesión los diputados electos el pasado 12 de marzo. No nos sentimos con ánimos de recibirlos con una felicitación. Tenemos que iniciar con un llamado a que haya un cambio radical, de actitudes y método de trabajo en la Asamblea Legislativa. Si no hay ese cambio en nuestros dirigentes políticos el país se hundirá a corto plazo.


Escribimos estas líneas antes de la conclusión del término y de la última sesión de la Asamblea Legislativa saliente, por lo que no conocemos aún todas sus actuaciones, pero lo que hemos visto en las últimas dos semanas preocupa. De nada ha servido lo que ha dicho el Centro de Estudios Jurídicos durante años o lo que FUSADES, FUNDE, MIRE y tantas otras instituciones han señalado también sobre la necesidad de consolidar la democracia. Tampoco han importado el patriotismo, la racionalidad, la moralidad o la mera decencia. Los políticos han enviado el mensaje de que están blindados contra las críticas de la sociedad civil y harán lo que sea mejor a sus intereses inmediatos, no importa si parecen sacados de un recetario para incrementar el quebrantamiento institucional.


De los últimos legados de la Asamblea actual, anunciamos que la nueva ley orgánica de la Fiscalía General de la República contiene algunos artículos que pretenden dar revestimiento legal a una situación inconstitucional.


En cuanto a la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, todavía tenemos la esperanza de que, habiendo excelentes personas en la lista de candidatos, sean ellos los electos. Los políticos deberían escuchar los comentarios que se oyen en cualquier reunión de abogados: “Lo que distingue a la mayoría de los candidatos es su falta de probidad y de conocimientos jurídicos”, “Nadie puede dudar que A, B y C quieren ser magistrados solo para enriquecerse”, “X, Y y Z deberían estar en Mariona mejor que una lista de candidatos a la Corte”, “No podemos dudar que la mafia internacional está interesada en la elección”. Pero, ¿por qué creemos que a lo mejor el gobierno y los políticos ignoran estos comentarios?


Por enésima vez se está corriendo, contra todo principio de institucionalidad y racionalidad, para reformar la Constitución en último minuto, con propuestas de una miopía política increíble, como la de extender el período de alcaldes y diputados para hacer coincidir su elección con la del presidente de la República, hasta las de mayor demagogia, como la de prohibir en la ley primaria el matrimonio de homosexuales (¡Menos mal que hay diputados que dan prioridad a cosas como estas, en vez de a frivolidades como la criminalidad, el endeudamiento público insostenible, el desempleo, la pobreza, etc.!).


“País tiene ley para castigar corruptos”, rezaba el ridículo titular con el que un periódico saludaba la aprobación de la nueva Ley de Ética Gubernamental. ¿Acaso alguna vez han faltado leyes para tal fin? Las hemos tenido durante casi quinientos años, lo malo es que casi no han sido aplicadas desde la Independencia. Aparte de que la nueva ley, además, es un confuso adefesio jurídico que merecerá nuestros comentarios en el futuro, apenas si contiene nada que no esté contemplado en leyes vigentes por décadas y que no han servido para nada porque no hay voluntad de aplicarlas. Algunos han opinado que la nueva ley no es nada más que un intento de engañar a los más tontos haciéndoles creer que hay disposición a combatir la corrupción. Esto debe demostrarse con acciones concretas, aplicando las leyes, no creando más.


Una Asamblea controversial ha concluido su período y damos gracias por ello, pero las perspectivas de la nueva no parecen variar. ¿Qué camino está tomando nuestro país? Estamos todavía a tiempo de prevenir nuestro futuro, no tentemos al destino.

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